La microbiota es el conjunto de microbios y las interacciones que realizan en un ambiente determinado. Los constituyentes de la microbiota de nuestro cuerpo interaccionan entre ellos y con varios de nuestros sistemas, incluyendo el digestivo, el inmunitario y la piel.

El cuerpo humano contiene diez veces más microorganismos que células humanas y tienen más variabilidad genética que todo el genoma humano. La microbiota está implicada en la obtención y almacenaje de productos energéticos en el sistema digestivo e interacciona intensamente con el sistema inmune. El reciente interés por la microbiota es que puede estar implicada en el desarrollo de enfermedades inmunomediadas. También hay datos que implican a nuestros microbios en la aparición o la evolución de algunos cánceres, de las alergias, de la enfermedad de Crohn o de la obesidad. Sin embargo, los datos son muy iniciales y poco concluyentes para hacer afirmaciones y recomendaciones.

Carencia de evidencia científica

Según indica el Dr. Miquel Ribera, dermatólogo del Hospital Parc Taulí, “el tema de los probióticos y su posible efecto modulador sobre la microbiota ejerciendo un efecto positivo sobre la psoriasis carece de evidencia científica suficiente. Hay muchos intereses económicos y dado que los probióticos actuales no se regulan como medicamentos sino como complementos alimenticios, se rigen por las leyes del marketing y la publicidad. Está claro que la microbiota intestinal y cutánea juega un papel importante en la salud de las personas, pero de momento no se sabe cuál ni cómo modificarlo para obtener un beneficio terapéutico que mejore la salud. Actualmente no hay base científica para recomendarlos para ninguna enfermedad de la piel”.

Como indica la revista científica JAMA 2020; 323 (9): 823-824, en el artículo “La confusión reglamentaria de los probióticos, los estudios, los conflictos de interés y las preocupaciones de seguridad”: La escasez de datos de alta calidad que respalden el valor de los probióticos, la preocupación sobre las revisiones potencialmente sesgadas de su eficacia, el complejo marco en el que los probióticos están regulados y vendidos, y la información de seguridad limitada, desaconseja su uso indiscriminado. Los autores piden que las regulaciones se adapten para permitir que tanto los fabricantes como los investigadores independientes prueben con ensayos clínicos las afirmaciones terapéuticas que dicen que tienen. Hasta entonces debemos ser cautos en usarlos, porque no está claro ni que sean beneficiosos ni que no puedan ser dañinos.